Todo comenzó con una pequeña hinchazón en la pierna de mi hija Yuliana de 19 años. Ella se lastimó el muslo con un pedazo de palo, que creímos que al partirse había caído al piso. Al día siguiente tuvo un fuerte dolor al punto de no poder pararse ni caminar. Creímos que era algo sencillo, pero el dolor continuó. La pequeña herida no cerraba y, por el contrario, empezó a supurar.
