En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Jn 1.1 (RVR) Un discípulo saludable y multiplicador crece oyendo a Dios bajo dos pilares fundacionales: El primero es la persona de Jesucristo, Verbo divino y encarnado que expresa de forma elocuente la voluntad de Dios “(…) y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” Mt 17:5 (RVR). El segundo es la palabra escrita, el logos. Los dos coexisten de forma inseparable derramando el conocimiento y la luz de la revelación
