Hay dos fuentes para una visión divina: el descontentamiento santo y la revelación del corazón y mente de Dios. Las dos desembocan en un profundo sentido de llamado. Un visionario sin descontentamiento santo crea castillos en el aire, desconectado de la realidad. Un visionario sin revelación divina está limitado a esfuerzos y perspectivas humanas.
